Antes de entrar en los
detalles del informe, el Mandatario se
explayó sobre la relación del Poder
Ejecutivo con el Congreso y la coyuntura
política, para destacar que los breves
espacios de libertad alcanzados no
aseguran una democrática perdurable y de
calidad. Advirtió que la cultura del
antagonismo irracional, de la lucha
facciosa, del enfrentamiento
empobrecedor y de la aniquilación mutua,
se resisten a desaparecer de nuestro
escenario.
El titular del Ejecutivo aclaró que en
el afán de romper con ese ayer de
ignominia y exclusiones, "abrí las
compuertas del poder político a la
sociedad civil, a las organizaciones
sociales, a los trabajadores,
campesinos, empresarios, productores,
industriales y dirigentes partidarios en
general, para la tarea concertadora",
pero reconoció que nunca falta el que se
"resiste a sentarse en la mesa del
perdón y de la reconciliación".
Explicó asimismo que la tarea principal
de un estadista es estar y trabajar con
la gente, con los más sencillos y
pobres, por eso "no hacemos
discriminaciones ni abrazamos a los
humildes conciudadanos con hipocresía, o
únicamente en tiempos electorales",
además de manifestar que se mantendrá
hasta el final en el compromiso con las
causas populares.
Consolidar la democracia
Asimismo, el Presidente de la República
expresó que tenemos la obligación
política y moral de que la democracia
logre su arraigo definitivo en el
Paraguay, para puntualizar luego que la
democracia se legitima en su capacidad
de generar respuestas para satisfacer
las demandas populares, "que es la
responsabilidad de quienes ejercemos
representación y liderazgo en los
distintos espacios del sector publico".
Refiriéndose a la estabilidad política,
Duarte Frutos dijo que ella vino al
Paraguay para quedarse y para ser el
cimiento de nuestro futuro. Luego habló
de la necesidad de preservar la imagen
institucional del Congreso y el daño que
puede causar la falta de colaboración
con otros poderes en la sanción oportuna
de leyes, además de la exhibición de
discrecionalidad e irresponsabilidad en
el cumplimiento de los deberes.
El motor de la historia del progreso es
la confrontación dialéctica de nuestras
visiones y para eso vive la política,
justamente para superar ese esquema de
resolución de conflictos por vía de las
reglas convencionales. La política no en
balde se dijo que es la continuación de
la guerra convencional apelando a la
razón, expresó el Jefe de Estado.
"Con esa convicción, invito a este
Honorable Congreso Nacional a que nos
reunamos periódicamente para trabajar,
establecer una mesa representativa de
análisis y discusión, para racionalizar
los gastos, fomentar las obras de
desarrollo, reformular el presupuesto a
fin de que las inversiones sociales
favorezcan a la educación, la salud, la
producción y el empleo, que son los
retos que tenemos como lideres de esta
democracia emergente", dijo.
Denunció por otro lado la persistencia
en el contexto de nuestra política de
"nostalgias del pasado autocrático, esa
vocación conspirativa, la opinión
reiterativamente maliciosa y perversa,
además de esa actitud corrosiva y
destinada a la provocación constante.
Nuestra cultura política
desafortunadamente sigue siendo
lamentablemente maniqueísta. Persistimos
en la división irreductible entre amigos
y enemigos", subrayó.
Finalmente admitió que su gobierno y él
habrán cometido errores. "Pero me
esfuerzo por tratar de enmendarlos. Y
busco el diálogo para en forma directa,
zanjar dificultades, llegar a
coincidencias y acordar soluciones. Es
la forma civilizada de gobernar y de
ejercer oposición. La actitud positiva
con base en lo razonable y en lo
prioritario para el interés nacional no
desmerita a los opositores. Por el
contrario los enaltece, fortalece su
imagen y transparenta su conducta al
servicio de los intereses superiores de
la nación", expresó.
Ea/scs
Fuente: www.presidencia.gov.py